Quiero un trabajo”
Esa es, literalmente, la búsqueda que ha traído aquí a alguien hace un rato. Supongo que no habrá encontrado nada demasiado relevante… pero a mí me va a dar pie a una reflexión.
Mentira. El que escribió eso en Google, miente. O al menos, no dice toda la verdad. Estoy seguro de que no quiere “un trabajo”. Querrá “un trabajo en el que se gane mucho, se trabaje poco, no sea incómodo ni me exija demasiado esfuerzo o preparación”.
Porque trabajo hay. Lo hay en España, y seguro que también en Alemania.
El otro día, cortándome el pelo en mi peluquería habitual (cerca del trabajo; así aprovecho el ratito de mediodía porque no cierran), comenté con el dueño que habían quitado el cartel de “Se busca oficial de peluquería” que había puesto unos meses antes. Me dijo que sí. Pero no porque hubiese encontrado a alguien, sino por lo contrario: había desistido viendo la gente que durante meses se había presentado. Gente sin preparación suficiente, gente impuntual, gente que no trataba bien a los clientes o gente que desde el primer día se quejaba del sueldo.
En el bar donde suelo comer los días que me corto el pelo (ensaladas y bocatas, algo rápido), en los últimos meses he visto a no menos de 5 empleados distintos. No se quedan, y la dueña me dice que le cuesta encontrar candidatos y que los que vienen son muy flojos: no trabajan bien y son todo quejas.
Mi primo tiene un restaurante. Está agobiado porque no encuentra un buen camarero. Ha tenido varios, pero al último, que trabajaba bien, lo tuvo que echar ante la sospecha más que comprobada de que metía mano en la caja.
En fin, lo siento mucho si sueno radical, pero cuando alguien me dice “es que no hay trabajo”, no me lo creo. Lo que no hay es trabajos fáciles. Todos tienen sus pegas: horarios, exigencias, responsabilidades, entornos físicos… Y tampoco hay trabajos “bien pagados”: que levante la mano el que opine que no debería cobrar más que lo que cobra.
Y así, resulta más fácil quedarse en casa que madrugar. Resulta más difícil no esforzarse en prepararse que dedicar tiempo a la formación. Resulta más fácil dedicar el tiempo a los hobbies que estar 8, 10 o 12 horas en el tajo. Resulta más fácil gastarse el dinero que ahorrar.
Mientras haya quien sufrague ese estilo de vida (llámense padres, Estado o lo que sea), “no hay trabajo”. Pero cuando hacen falta las habichuelas, el trabajo se encuentra. No será el que soñábamos, pero será trabajo.
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